El águila observa desde las alturas majestuosa, bella e imponente. Nadie la molesta. Cuando desciende y algo no es de su agrado o se siente vigilada o atacada, levanta de nuevo el vuelo con sus maravillosas alas hasta el cielo mas lejano, mira hacia abajo y sonríe. Todo eso que la acechaba se ve tan pequeño e insignificante desde allí que no puede evitar sonreír y continuar su vuelo.
Cuando os sintáis así, como el águila en el suelo, acordaros de LA SONRISA DEL AGUILA y no os olvidéis de practicarla. ¡¡¡¡¡Feliz Domingo!!!!.
