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lunes, 9 de marzo de 2015

MI VOLUNTAD (Lo que hago, lo que me apetece hacer)


 
 
- " Lo sé, querida niña. Pero aun no deseo que te dejes llevar por el placer."

Tome sus manos y se las alcé sobre su cabeza. Ella había obedecido mis órdenes y postrada ante mi, su mano maniobro sobre su sexo, hasta que la ordene parar. Allí  de rodillas su cuerpo estaba poniéndose tenso, como anuncio de la llegada de su orgasmo. Pero quería controlarlo todo.

Yo deseaba mantener en mis manos las riendas de todo el momento. Controlar el tiempo, la forma y  con ello llevarla a un estado de excitación, que ya conocía de otras ocasiones. Quería volver  a ver su rostro descompuesto por la ansiedad, por las ganas de dejar que su cuerpo recibiera el placer que las caricias habían buscado.

Mi control sobre su voluntad era su propio regalo. Su entrega era total en aquellos momentos. Mi control  me hacía feliz y su entrega me completaba, como hombre y como dominante.

Teníamos una relación que ya había cumplido el año. Nuestros encuentros se incrementaban y la intensidad de los mismos crecía a cada paso.

Aquel floger que ella me había regalado  en la segunda sesión, tenía escrita en cada una de sus tiras una fecha. Cada fecha correspondía a un encuentro. Debo ver si se están acabando las tiras  para reponer el primero. Por mí, desearía que faltasen siempre. Que nuestros encuentros se prodigaran aún más. Que su intensidad no parara de crecer.

Esta tarde tenía el propósito de  superar alguno de los límites que ella aún conservaba.
Pero para eso, debía llevarla hasta una situación de deseo desesperado.  Necesitaba que su ansiedad gritara, que sus resistencias se quedaran en un segundo plano y que, de mi mano, diese un paso más en la dirección que llevábamos. 

 Alzándola del suelo, la guié  hasta la cama. La eche sobre ella y sujete sus muñecas en las suspensiones que había sujetado al cabezal de la cama. Tomé sus piernas e hice lo mismo con los tobillos, abriendo ese formidable espectáculo que siempre me emociona.

El color en su rostro demostraba la emoción que sentía.   No podía ver sus ojos pues aquella venda negra  los ocultaba. Estaba mordiéndose el labio inferior, con ese gesto encantador y sensual, que frecuentaba.

Así, desnuda, sujeta, abierta, emocionada.... Representaba un espectáculo soberbio que, si fuera un pintor dudo me atreviese a plasmar, o si quisiera fotografiarlo no creo que ninguna cámara, fuera capaz de captar en toda su belleza.

- " Mi Señor, mi Dueño,  ....." - su voz sonó como un susurro.

- " Calla ! Quiero disfrutar de este espectáculo. No hables. Solo siénteme."

Tome en mis manos la crema corporal y puse en ellas una cantidad abundante. Supe que ella sabía lo que iba a seguir, porque el sonido de la tapa de aquella crema, ya era conocido. Ella conocía la crema Nivea y sus efectos en mis manos. De ahí su sonrisa.

Comencé a sujetar su cuello con ambas manos, extendiendo la crema de forma circular. Los gestos de los dedos resbalaban por ambos costados de su cuello, de delante hacia atrás. Una y  otra vez resbalaban mis dos manos, mientras ella echaba hacia atrás la cabeza y su barbilla subía. El gesto me produjo un efecto inesperado por ambos. Pero al contemplar su rostro y notar como recibía ese masaje.... No pude frenarme. Mi boca se acercó a la suya y aprisione el labio inferior entre los míos.

El beso por inesperado, por apasionado, arranco de nuevo sus gemidos. Incluso enredando mi lengua con la suya, el gemido sordo se hizo más y más ronco.

Su cuerpo se tensaba, el tronco se arqueaba y todo su ser pedía a gritos mi contacto.
Me buscaba, me deseaba, me pedía...
 
 
De nuevo su voz : - " mi Señor, mi Dueño...." 
 - " Silencio ...calla. Aun te queda mucho para recibirme. "
 De nuevo mi  control . Volví a hacerme dueño de la situación  y me incorpore. Mas crema y de nuevo mis manos regresaron a su cuerpo. Esta vez redondee sus hombros y extendí suavemente la crema hasta su pecho.   Aquellos pechos tan conocidos por mi, siempre me hablaron. Respondían a mis caricias de forma automática.
Sus pezones tenían vida propia y yo sabía hacerles que me mostraran su fuerza, sus deseos. Se elevaron, se endurecieron y erguidos desafiaban  toda mi entereza.

 De nuevo, ...otra vez...tuve que inclinarme sobre ella. Caí en una fiebre de deseo de besarlos, lamerlos, chuparlos y mordisquearlos .....

Las imágenes de otros momentos vividos en situaciones similares me llegaron rápidamente.. La imaginación perversa del dominante busca en esos pezones un espectáculo visual único. Los soñaba apretados por unas pinzas o sometidos a una presión de mis manos entregándose a la corriente que fluye entre la sumisa y su dueño.

Sin embargo, solamente pude sentir que crecían en mi boca, no fui capaz de frenar
en mis impulsos. No me incorporé. Inclinado sobre ella, seguía besando sus pechos, mordisqueándolos.

La diferencia entre lo que  imaginaba, lo que se esperaba de mí, incluso de lo que yo mismo había practicado en  otras sesiones, y lo que estaba haciendo, en el fondo estaba intrigándome. Mi voluntad parecía querer una cosa y mis instintos y deseos otra.
Se suponía de un dominante veterano, versado como yo, en ocasiones de similares características, que una sesión de bdsm,  con  una sumisa, también experimentada y perfectamente entregada a esta relación,  que los llamados cánones de la disciplina, iban a marcar este encuentro.
 Pero aquella mujer me tenía inmerso en un volcán de sentimientos diversos y profundos.
Mi voluntad, mis intenciones preconcebidas o planificadas se estaban viendo inundados por un deseo carnal y un afán de proporcionarla y de proporcionarme, lo que solo tiene una definición : PLACER .

El ansia de placer no nace solamente de un objetivo hedonista. Cuando sientes que la persona que está  junto a  ti, te provoca una corriente de cariño, un afán de protección, de emoción sexual intima, algo está pasando entre ambos. Una apreciación superficial la llamaría amor. Pero creo que esa palabra se queda insuficiente y corta.
Yo amaba a esa mujer. Deseaba a esa mujer. Quería a esa mujer.
Ante esa corriente de mis sentidos, las formas d expresión se mueven en abanico de actos, que no están guiados  por cánones o normas. Las prácticas de bdsm  no están escritas como un código de conducta o procedimiento a seguir. Siempre dije que no hay dos relaciones iguales. Existen muchas etiquetas; tenemos la tendencia a clasificar y agrupar; a decir que una relación es de clase equis.
No hay clases o grupos de actuación. Cada relación amo/sumisa es un universo distinto, no comparable con ningún otro .
Aquí y ahora, recordando esa "sesión", entiendo mis reacciones. Explico mis actos, sabiendo que entre ella y yo había todo eso. Amaba a esa mujer,  me fascinaba esa mujer, quería a esa mujer.
Y a ella la transparentaba esa sinfonía de gemidos. En ellos había una hermosa canción de amor y de entrega también. En su letra se podía escuchar deseo a borbotones.  Su admiración demostrada a cada momento de nuestros encuentros podía entenderla esa tarde, envuelta en su gesto. Inmóvil casi por completo, sujeta y abierta, decía:
- " Tómame  mi  Amo. Te quiero mi Señor.
      Bésame, muérdeme, hazme tuya, follame, mi vida !! "

Mi abrazo se hacía más urgente. Mi deseo crecía como la desnudez de mi cuerpo que yo mismo estaba precipitando.

Pude por fin incorporarme. Tenía necesidad de ver sus ojos. Yo sabía el color y el brillo que debían tener en esos momentos. Pero quería también leer el mensaje que me enviaban. Jamás vi unos ojos que hablaran tanto como los de mi querida sumisa.

 
 

Inclinándome sobre ella quite la venda que cubría sus ojos, mientras ponía un suave beso en sus labios. Bese asimismo  cada uno de sus párpados y aspire de nuevo su perfume.

Tenía mis sentidos llenos de sensaciones. La vista disfrutaba de su hermoso y deseado cuerpo, de los colores de su rostro. Mis oídos se habían recreado y emocionado con esa canción de sus gemidos. Disfrutaba del aroma que siempre desprendía, y que ahora se mezclaba con la generación del deseo que ambos dejábamos en toda la habitación.
La tarde estaba transcurriendo sin apenas darme cuenta. No sabía la hora, no quería saberla. La  luz asomando por la ventana me permitía ver sin encender ninguna y por los colores que adornaba, deducía que debía ser media tarde.

Mis aficiones visuales siempre me llevan a contemplar y recrearme con  las imágenes, como si de una fotografía se tratase.
Di un paso hacia atrás, respire profundamente y contemple.
Dios ¡ quien tuviera una cámara aun no inventada para plasmar el formidable espectáculo que  tenía ante mis ojos¡.

Ella permanecía desnuda en la cama. Sus brazos abiertos, sujetos  por las muñecas al cabezal de aquella cama, tenían expresiones de abrazos rogados. La cabeza tenía cierta inclinación hacia la derecha, y en su mirada se leían ruegos  y anhelos que yo disfrutaba en leer.
Su cuerpo estaba tenso.  Sabía que deseaba sentirse poseída, penetrada y que ansiaba dejarse resbalar por un placer profundo, intenso e interminable.


De nuevo mi instinto comenzó a discutir con mi voluntad. Lo que mis experiencias pedían repetir incluso me llevaron a pasear la mirada buscando ese floger que debía estar por allá cerca. Mi dominación contenía esas prácticas, su entrega las rogaba. Ella esperaba sentir  en cualquier momento la descarga de unos golpes que a ambos nos encendían.
 
 
Pero la voluntad caminaba por otros derroteros. Como si tuviese mente propia.
A mitad de camino, en esa encrucijada, entre la disciplina del dolor deseado y la terrible tentación de zambullirme en su cuerpo para besar, lamer y penetrar, recordé un detalle que había preparado esa tarde.
Sobre la mesita de noche, envuelta y discreta había una rosa. Una enorme rosa azul. Si, azul, como el mar intenso. Azul, con ribetes oscuros, casi negros, como un sueño de pasión y emoción.
Cuando vi esa rosa, no dude un solo instante. Ese seria mi regalo.

La costumbre, ya conocida y sabida por ella, era que tras cada sesión yo acostumbraba a regalarle algo. Algo que no tenía más intención que unirse al recuerdo de lo vivido. Algo pequeño o insignificante, pero que ella adoraba y coleccionaba.
Tome la rosa y la libre del envoltorio. La puse ante sus ojos y recordando esa hermosa canción de Gloria Trevi ( "Una rosa blu")

              "Que un instante valga por intenso mas que una eternidad....
               Dulce cual perversa .... "

- " Tu recuerdo para hoy, mi querida niña " - le dije
 

 
 No hablo, no pronuncio palabra alguna. Solo vi su expresión decirme mucho más que ningún verbo. Solo sentí como  se emocionaba.

Y no lo pensé más. Pasé a la acción sin escuchar más pensamientos interiores.

Mis besos habían recorrido ese rostro, mis manos habían sujetado y acariciado ese cuello, sus hombros y sus pechos. Mi boca se había amamantado glotona de aquellos pechos. Y aun ansiaba más.

De nuevo volví a untar mis manos abundantemente con aquella crema, dispuestas a proporcionar un masaje y unas caricias que mi propio deseo me inspiraba.
Subí a la cama y me arrodille entre sus piernas.
Sin preámbulos puse las manos sobre sus caderas  y comencé a realizar aquel masaje circular, que dibujaba sus caderas y su vientre.

Ahora si la escuche entre murmullos.
- " Mi dueño, mi señor, mi amo......"
Y entremezclado con gemidos leves, sordos y casi roncos, su cuerpo se arqueaba y alzaba al ritmo del recorrido de mis manos.
Baje hasta sus muslos y dibuje en ellos círculos lentos, arabescos de emociones en su interior y presiones encendidas por mi propio deseo.

En la portada de su sexo ya notaba el brillo de su excitación. Y con ese brillo mi hambre y mi sed se hicieron más fuertes.

- "  Quiero mi gota de miel" - le dije. Y sin esperar,  pase mi dedo índice por entre los labios de su sexo y recogí esa gota. Con el sentido de propiedad que siempre me inspiraba ese gesto.
- " Es mía,  es para mí. " - dije saboreando esa gota que me contaba tanto de ella.
Seguía sintiendo necesidad de comportarme como se esperaba lo hiciera el Amo Dominante que siempre había sido. Aquello que incluso en mi relación con esta preciosa mujer se presumía por ambos y por todo aquel que nos conocía y sabia de la relación que manteníamos ambos.
Las sesiones anteriores que habíamos mantenido podrían enmarcarse o clasificarse como el camino en las prácticas de BDSM , que un dominante experimentado debía mostrar a aquella sumisa relativamente inexperta y principiante. Todas las sesiones que ambos habíamos   mantenido hasta ahora, fueron satisfactorias, emocionantes y gradualmente mas intensas.
Pero siempre dije que no existen dos relaciones iguales. La suma de sentimientos que veía nacer en mí, no se parecía a ninguna relación anterior. En días pasados nuestros encuentros fueron confirmándome que algo muy especial  nos estaba uniendo. Las charlas que habíamos mantenido estaban tejiendo una relación de entrega  y aceptación envuelta en emociones de afecto, amor, protección y de un deseo mutuo profundo.
Sus propias circunstancias personales y familiares, las mías, ...todo, se nublaban cuando nos encontrábamos.

Yo había nacido como lobo perverso y depredador que devoraba presas a lo largo de su vida, como quien se para a calmar una sed insaciable en cada estación de servicio, o parada en su camino.
Y aquí estaba yo, ante esa espléndida mujer, entregada a mí, dispuesta a someterse a mi voluntad de trato. A ser utilizada a mi voluntad, porque ella me sentía como su dueño.
Y el conflicto que se sostenía en mis deseos, estaba aún sin clara inclinación . Lo que se esperaba de mí y lo que deseaba con enorme fuerza carecía aun de  vencedor.
Siempre cuidé mi compostura, mis gestos y mis maneras no eran solo fruto de la propia inclinación. Creo que inconscientemente había desarrollado  ciertas formas de dominación, que especialmente se mostraban en los momentos de una sesión.
Y hoy, esta tarde, allí estaba yo, desnudo, arrodillado ante el cuerpo tendido de aquella mujer, saboreando en mi boca el incipiente jugo de su placer.
Lo paladee como si esa miel fuera la más exquisita de las bebidas que jamás hubiera probado.
Y en mi cara debió dibujarse una evidente satisfacción, porque. Ella sonriendo me preguntó :

- " ¿ Te gusta mi Amo ?"

- " Hmmmm Delicioso mi niña !. "

Al tiempo mis manos bajaron hasta su entrepierna y comencé un masaje/caricia con  los dos pulgares ascendiendo despacio por los labios de su sexo. Las palmas de mis manos estaban en su bajo vientre y solo movía los pulgares.  Despacio, muy despacio. Desde abajo hasta la unión superior de ambos labios. Allí donde la elevación dibuja un  escondite para esa perla que yo sabía preciosa.

De nuevo la canción de sus gemidos se escuchaba al compás de mis caricias y de las elevaciones de su cuerpo. Ello me excitaba más y más, de forma que mi sexo se hinchaba ansioso.
Grité ...si, grité un desesperado  -  "¡!!!joder cuanto te deseo !!!
Me acerque a las suspensiones de sus muñecas y de sus tobillos y la solté de su
presión.

No dijimos nada más. No hablamos apenas en lo que restaba de tarde.

 
 
“Y aquella tarde se hizo eterna,

   Encerrados  en nube de emociones..

  … y las lentas horas, no se atrevieron

  ni siquiera a molestarnos .””


Dedicado a MN, que conmueve mi voluntad a cada paso que damos juntos.

Wolf Olaf, enero 2015.

domingo, 8 de marzo de 2015

UNA MUJER COMPLETA

Hoy día de la mujer, después del bonito despertar que me has regalado, mi Lobo, solo puedo sentir y pensar que adoro todo lo que forma parte de TI, tu lado fiero, tu lado tierno, tu lado mas perverso, tu lado pulpo, tu gran sonrisa de águila, tu sentido protector, tu amor hacia mi, tu experiencia, tu paciencia y todo lo que compartes conmigo.

Eso es lo que adoro de Ti.

Eso es lo que me hace sentirme como mujer mucho mas completa que nunca.

Soy MUJER, trabajadora, inteligente, con sentido del humor, guapa, lista, sin abuela y encima tengo a mi lado al mejor Dueño, Amante, Maestro, Compañero, Amigo, al mejor Hombre que jamás pude soñar y el que en estos momentos me hace mas feliz.

Deseo hacerte igual de feliz a ti mi Lobo.

Hoy día de la Mujer, me siento una GRAN MUJER gracias a Ti Wolf Olaf. TQ.


 ¡¡¡¡¡¡¡FELIZ DIA A TODAS LAS MUJERES Y GRACIAS A TODOS LOS QUE NOS HACEN FELICES Y MAS COMPLETAS!!!!!!

Rosema, marzo 2015