Marcarse una meta y conseguir alcanzarla, es una de las mayores satisfacciones que podemos tener. Al mismo tiempo, nos motiva para marcarnos nuevos retos y luchar por conseguirlos.
Ahora me he marcado un reto, una meta, un fin: controlar mi vida.
Algunos (espero que poquitos) estarán pensando que querer controlar tu vida no es precisamente una necesidad de un sumiso, si no más bien lo contrario, que la controlen por ti. Insisto en que espero que esto lo piense muy poquita gente, aunque por desgracia sé que los hay, como también sé que no leerán esto ya que estarán muy ocupados buscando sexo fácil o vete tú a saber.
Los que habéis leído mis otros blogs ya sabréis que estoy descubriendo, aprendiendo y disfrutando de todo esto. Pues bien, una de las cosas que estoy aprendiendo es como el carácter de un sumiso, realmente tiene que partir de una gran fortaleza interior, que en ocasiones ni siquiera sabemos que tenemos. Como me dijo un Amigo hace bien poquito: “eres más fuerte de lo que tú te crees”.
Aprender a controlar la situación es difícil, son situaciones nuevas que nunca antes has vivido y cuando lo vas consiguiendo te demuestras a ti mismo que no eres débil, eres fuerte, que no eres vulnerable porque sabes protegerte, que no te “usan” (palabra que me produce mucho morbo, por otro lado) ya que disfrutas sabiendo que tu entrega es total y estas dándole el mayor placer que puedes a Él de forma voluntaria aunque completa y absolutamente entregada.
Lo apasionante de esto es que en mi caso, además lo que estoy aprendiendo aquí, me está siendo de una gran ayuda en mi vida profesional y personal. Saber controlar situaciones, saber esperar, no ser vulnerable, no dejar que te hagan daño, aceptar que no siempre lo que quieres lo tienes, que no siempre consigues esas metas y retos, pero teniendo claro que si merecen la pena debes seguir intentándolo. Pararte, pensar y continuar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario