Miro por la ventana y veo los copos de nieve caer, aparto un mechón de pelo que me cae sobre la cara y que a El tanto le gusta retirar. Saboreo una taza de café con mucha espuma. La estampa del paisaje nevado me da tranquilidad y serenidad y mientras tanto me pregunto dónde me he metido?…cómo ha cambiado tanto mi vida?.
Se me escapa una sonrisa.
Estoy recordando el día en el que supe lo que realmente es
entregarte a alguien, el día que de verdad supe que mi sentimiento de sumisa era
una realidad. Ese día me sentí como si ya no fuera novata….Bien!!!
Recuerdo como sucedió todo y un escalofrío de satisfacción
recorre mi cuerpo...no lo olvidaré jamás:
Los dos días anteriores a la entrega de “mi regalo” a mi Señor los pasé
entre un mar de dudas y sensaciones contrapuestas. Quería…. no quería, podía…no
podía…
Pensaba, le daba vueltas, una y otra vez…Me gustaba sentirme observada
por otros mientras Él sesionaba conmigo pero esto era diferente, iba a estar
con mi Señor pero no iba a ser Él quien me usara. No podía… Lo pensaba y me
parecía increíble que eso me fuera a gustar…Y a El???. Cómo le va iba a gustar
eso a El???.
Se mostraba celoso en muchas ocasiones pero sin embargo, alguna vez
habíamos hablado sobre ello y me había fijado en su expresión, le encantaría recibir ese
regalo. Él siempre decía que no estaba preparada y que por supuesto respetaba
que yo no quisiera hacerlo. Pero a mí, pensar que para Él era un regalo me
excitaba, y de pronto me di cuenta de que el follón que tenía en la cabeza tenía
pinta de estar resuelto….Me asustaba y mucho pero al mismo tiempo me excitaba,
me daba morbo, lo deseaba. Me sentí mojada, empapada. Había llegado casi a
correrme sin tocarme, tan solo pensando en su cara y en mi regalo y en como
quería que lo recibiera.
La decisión estaba tomada…iba a ofrecerle a mi Señor una de las pruebas
más difíciles que seguramente llevaré a cabo como sumisa. Ni siquiera sabía si
iba a poder llevarla a cabo con totalidad pero mis deseos de ofrecérselo los
tenia claros.
Esa noche cuando nos vimos, lo supo. No hizo falta que yo le dijera más
que unas palabras, que quedan para nosotros en nuestro recuerdo. Me sonrió, me
preguntó si estaba segura y yo le contesté con la mirada y apartando mi mechón,
como siempre me pedía, para poder verme bien los ojos. Hacía falta decir poco
más.
Llegó el día. Fuimos a un hotel, yo estaba realmente nerviosa, mareada
incluso…El me cogía de la mano mirándome cada poco, atento por si encontraba en
mis gestos, en mi mirada…algo que indicara que no seguíamos con ello. Eso me
daba seguridad. Él iba a estar conmigo, cuidaría de mí, y con que le dijera NO,
ya sabía que no podía seguir. Lo habíamos hablado, habíamos jugado, habíamos
imaginado….pero llegaba el momento de la verdad.
En la habitación había una botella de cava, y tres copas. Precisamente,
es la imagen de estas tres copas la que me golpea y me deja paralizada en la
puerta. Eran tres copas…..Me miró, le miré, le cogí la mano y sentí su fuerza.
Decidí entrar, y curiosamente tuve que ser yo la que tirase de Él. Era extraño,
yo lo tenía ya bien decidido pero Él
mantenía ese temor a causa del exagerado instinto protector que sentía sobre mí.
No entraba…. Le sonreí. Fue entonces cuando Su mirada se relajó y, por fin, avanzó
conmigo.
Me fui a preparar, debía estar desnuda, esas eran las órdenes. Me
vendaría los ojos pero no me ataría ni pies ni manos. Debía salir del baño
cuando Él me avisara.
Llamaron a la puerta. No hablaron, o al menos yo no fui consciente. De
pronto escuché: - “mi niña, ya puedes salir”.
Cuando salí del baño me temblaba todo. Noté una mano que no era la
Suya, Me sostenía y me dirigía. Yo debía ir hacia la cama en la que mi Señor me
esperaba, desnudo solamente de cintura para arriba. El estaría sentado apoyado
sobre el cabecero de la cama y yo debía colocarme entre sus piernas con mi
espalda apoyada en su pecho y mi cabeza sobre su hombro. Esas eran las órdenes
y yo las conocía de sobra. Las cumplí a rajatabla con la ayuda de un
desconocido que se convirtió en mi perro guía.
Cuando ya estaba colocada en la posición indicada, mi Señor me acaricio
el pelo, aparto el mechón aunque esta vez no había ojos que ver, era tan solo un
acto reflejo. Me acarició las mejillas, me tranquilizaba….lo hacía tan
bien!!.Si, estaba cada vez más tranquila. Curiosamente no notaba la presencia
de la otra persona, era como si no estuviera. Me encantaba como lo hacía….Siguió
un buen rato con sus caricias, y yo cada vez estaba más empapada. Yo no podía
tocarme pero lo notaba. Estaba empapada como no recordaba haberlo estado nunca.
Tenía calor pero quería seguir así…apoyada en su torso desnudo…Siguió
masajeando por el abdomen, barriga, e intento abrirse paso entre mis
muslos….pero no me había dado cuenta de que los tenía completamente cerrados,
juntos y pegadísimos el uno al otro. El paró y me susurro al oído: - “NO???”.
Tras unos segundos yo moví mi cabeza de arriba abajo y susurré tan bajo que casi
ni yo misma me escuche -“SI”.
Apoyó una mano sobre mi rodilla
derecha y, de forma automática, abrí mis piernas exponiendo todo mi cuerpo y
casi mis entrañas a aquella polla que me iba a follar. No era otro hombre, solo
era otra polla….lo comprendí perfectamente….no había nada que temer.
Era mi regalo para para mi Señor. Cogí Su mano y la coloqué sobre mi
coño. Quería que fuera Él el que abriera mis labios y entregara mi coño a
aquella polla que avanzaba hacia mí, aquella polla que no veía pero que notaba.
Estaba excitadísima, no podía más. Necesitaba entregárselo o me iba a correr
antes,….De pronto noté como la polla entraba en mí. Me arqueé, me moví, pero
noté Sus brazos. Me susurró: -“ Tranquila y disfruta, mi niña….regálame tu placer”-
Mi cabeza enloqueció, el placer que había comenzado a nacer en mí, se
unió con fuerza a una emoción, física, sentimental y anímica, que formaron una
bomba de relojería a punto de explotar.
La polla entraba y mi coño la abrazaba, tragándola hasta el fondo,
hasta que sentí el golpe de sus huevos y comenzó a embestirme brutalmente. Y
solo la espalda de mi Señor y su abrazo, sujetaban mis sentidos. Una locura de
deseo y placer, crecía y crecía hasta el punto de comenzar gemir, de tal forma,
que Él tuvo que ponerme la mano en la boca.
La borrachera de mis sentidos me estaba
preparando para un torrente. Para una explosión. Notaba que estaba por llegar,
pero necesité buscar una mano. Busqué la mano de mi Dueño y la apreté con
fuerza, preparándome para lo que se avecinaba sin que nada pudiera evitarlo..
El debió notar lo que iba a suceder y en ese momento, en ese instante, tomó mi rostro, levantó mi barbilla y me dio un beso profundo y lento pero tremendamente intenso.
El debió notar lo que iba a suceder y en ese momento, en ese instante, tomó mi rostro, levantó mi barbilla y me dio un beso profundo y lento pero tremendamente intenso.
Ese beso, ese aprisionamiento de mis labios
por los suyos, y de su lengua en el interior de mi boca, fue el determinante,
la espoleta que me hizo explotar en un orgasmo increíble. La cima de una
montaña de placer único imposible de ser descrito con palabras..... Ese fue su
regalo. Mi orgasmo lo había provocado mi Señor. Fue increíble, sensacional….
Nunca he sabido a quien me cedió. Me habían contado muchas historias sobre cesiones pero jamás hubiera imaginado lo que realmente significó para mí y por extensión para ambos.
De nuevo, una sonrisa se dibuja en
mi rostro mientras termino esa taza de café. Mis recuerdos me han transportado
a esos momentos vividos. Y su memoria ha calentado mi alma, a pesar del frío
que causa la cercanía de la nieve en mi ventana.
Así da gusto ver nevar.
Rosema
Rosema

Formidable, genial, soberbio !!! Cada dia te superas, rosema. Mas que los detalles de la escena (increiblemente sensual y morbosa), conmueve la profundidad del sentimiento. Ojala el gran publico pudiera disfrutar de eete relato, enmarcado en algo que solo los amantes del BDSM podran entender
ResponderEliminarGracias Lobo, precisamente lo que quiero transmitir es ese sentimiento que descubro cada día a tu lado. TTT.
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