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lunes, 6 de abril de 2015

ALBAHACA


Su mirada era morena y apasionada. Yo había hablado con ella en muchas ocasiones a través de aquellas, ya desaparecidas,  salas de chat. Su inteligencia y la emoción de sus ideas me había cautivado.  Deseaba conocerla, verla y comprobar que la imagen que había dibujado correspondía a alguien de carne y hueso. ( Inquietudes que genera el ciberespacio!)
La ocasión me la proporcionaba aquella excursión  de pesca, que debía partir de un puerto cercano al lugar donde ella residía.
Adelanté el viaje en coche unas horas, para pasar a verla. Mi aviso había sido acogido de buen grado. O al menos así me lo pareció a mi.
Sus pasos eran firmes, y la sonrisa que vestía eliminó enseguida los nervios iniciales.

- " Me alegro de conocerte Wolf" -

Dos besos en la mejilla me dieron también cordialidad . Pero lo que recuerdo con nitidez, fue aquel aroma profundo, pero no cargante. Perfume fresco, perfume inusual, no conocido. Algo me hizo pensar en hierbas  aromáticas. Debe ser cierto que la principal propiedad de las hierbas aromáticas, consiste en la cualidad de condimento de los alimentos.   Quizás por eso, sentí apetito .. Puede ser !

- " Encantado de conocerte, Ana. Se me ha hecho mas tarde de lo que esperaba. Confío que puedas dedicarme unas horas. Así es que si te parece,  nos vamos a tomar algo y luego cenamos. Tengo unas ganas tremendas de contarnos muchas cosas."

Su sonrisa asintiendo, mientras le abría  la puerta del coche, coincidió de nuevo con esa oleada de aroma. Siempre he sido movido por los aromas. La exquisitez de algunos me conmueve. La profundidad de otros me emociona. Incluso alguno enciende mis deseos de forma instantánea.
Aquella terraza junto al mar, el sonido de las olas y la tranquilidad y cordialidad de aquel encuentro, confeccionó una tarde propicia a sentirnos tremendamente cómodos. El resultado, valioso y grato, cimentó  una amistad muy profunda y esa corriente que al establecerse hace a los interlocutores mas íntimos.
Dimos repaso a su historia,  a la mía, al intercambio de gustos y aficiones. De amigos comunes y de como estaba evolucionando este mundo nuestro de bdsm.
No voy a contaros detalles de la historia, pues podría ser reconocida y no es ese el motivo de este relato. Solamente os diré que se trata de una mujer excepcional, valiosa bajo todo punto de vista y emocionantemente deseable para cualquier hombre. Y fijaos que no digo " hombre dominante"; debería quizás decir "lobo".
Sus experiencias se habían movido siempre como mujer sumisa, que no buscaba un amo concreto, sino una colección de sumisiones o entregas que enriquecieran su vida e hicieran mas placentero su camino. Sus gustos estaban entre la disciplina inglesa y la sumisión sexual mas completa.
No era lo habitual, no era lo frecuente. Y si sumábamos a ello un gusto exquisito de detalles, me encontraba junto a una de las mas soberbias joyas del mundo de bdsm que había conocido jamas.   
Y la cena en aquel pequeño restaurante marino, fue sabrosa, deliciosa y lenta. Saboreada  hasta tarde, hasta que las horas que llevábamos juntos se hicieron muchas y el dueño del restaurante nos insinuaba la hora de cerrar.
Salimos por la puerta de atrás, pues había cerrado la principal para evitar la entrada de nuevos clientes. Daba a un pequeño jardín donde por encima incluso del  olor a manteles recién lavados tendidos en una cuerda, sobresalía otro que no reconocía yo.

- Uhmmmmmmm   ¡ albahaca ! - exclamó ella parándome.

Y acercándose a unas macetas colgadas en la pared, arrancó unas hojas a puñados. Luego se  acercó a mi, guardó las hojas en su bolso y tomando  dos o tres de ellas, las olió profundamente y, ante mi asombro, las acercó a mi boca ....las restregó sobre mis labios, y sin aviso previo, subió su boca a la mía, con una beso apasionado. Aprisioné su boca, la abracé y el sabor a albahaca me produjo una reacción insospechada, inesperada  incluso por mi mismo.
Devoré su cuello, excitadísimo, hambriento de hembra, salvajemente ansioso.
Sin hablar conduje hasta un rincón oscuro  de aquel paseo marítimo, donde degustamos nuestros cuerpos sin freno, sin hartarnos. Banquete de sexo y emociones que acabó en un postre mutuo con sabor, olor y textura de albahaca.



Wolf Olaf abril 2015

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